Tras la extraordinaria proliferación de la arquitectura renacentista y barroca durante los tres siglos coloniales, tiene lugar en México un cambio radical en el arte y la arquitectura. Todo cambia en forma y contenido.
Evocando al mundo grecorromano y al Renacimiento, el Neoclásico volvió a los orígenes del arte occidental, para contraponer su meditada elegancia y sobriedad al caprichoso y exuberante adorno del Barroco.
Las composiciones simétricas y equilibradas sustituyeron a las movidas y violentas formas de la época anterior.
El arte en todas su manifestaciones se tornó más sobrio, cambió sus violentos claroscuros y líneas curvas, por una luz clara de distribución homogénea y por líneas predominantemente rectas.




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